El Cuchi Leguizamón: la música de Salta que habita nuestra casa

El Cuchi Leguizamón: la música de Salta que habita nuestra casa

El Cuchi Leguizamón: la música de Salta que habita nuestra casa

Compositor, pianista y creador irreverente, Gustavo «Cuchi» Leguizamón encontró en los paisajes, las personas y las palabras del Norte una música que sigue viva. En Legado Mítico Salta, su historia inspira nuestra habitación El Músico.

Hay historias que se cuentan con palabras. Otras comienzan con una melodía.

Cuchi Leguizamón: su música y su legado en Salta

En Legado Mítico Salta, una de nuestras habitaciones se llama El Músico y está inspirada en Gustavo «Cuchi» Leguizamón. Es nuestra manera de invitar a quienes nos visitan, en nuestro hotel boutique, a conocer a un artista que escuchó Salta con una sensibilidad singular y transformó esa escucha en canciones.

Un salteño difícil de encasillar

El Cuchi nació en Salta el 29 de septiembre de 1917. Fue abogado y profesor, además de compositor y pianista. Con el tiempo dejó la abogacía para dedicarse principalmente a la música, aunque conservó siempre el humor con el que miraba sus propias decisiones.

Cuchi Leguizamón: su música y su legado en Salta

«Hacer música no me alcanza para vivir pero me hace vivir», decía. En esa frase conviven la ironía y la convicción de alguien para quien crear era una forma de estar en el mundo.

También formaba parte de la vida cotidiana de la ciudad. Su figura quedó asociada a los bares cercanos a la Plaza 9 de Julio, a las conversaciones prolongadas y a una manera de pensar la música tan salteña como abierta a otros sonidos.

Una música arraigada y libre

En sus composiciones aparecen zambas, chacareras, vidalas y otros ritmos del cancionero popular. El Cuchi conocía esas formas, pero no se conformaba con repetirlas: exploraba armonías, jugaba con el ritmo y encontraba maneras inesperadas de hacerlas sonar. Esa búsqueda hizo de su obra una referencia para músicos de distintas generaciones y géneros.

“Bailaremos la zamba los dos solitos, para trampearte el alma con mi gualicho. Tu pañuelito blanco busca consuelo; mi corazón lo sigue de vuelo en vuelo.” – Zamba del carnaval –

Él mismo resumía el valor que le daba a esas canciones: «La canción popular es síntesis de emoción y sabiduría». Una idea que invita a escucharlas con atención: en pocos minutos pueden guardar un paisaje, una vida o una historia entera.

“Me voy quedando libre sin arribos ni regresos, está sobrando el alma para cantarle a los huesos, curiosos de rumbos que linden sabores eternos.” – Me voy quedando. –

Cuchi Leguizamón: su música y su legado en Salta

El Cuchi y Castilla: cuando la poesía encontró su música

Hablar de su obra es hablar también de Manuel J. Castilla. La amistad y el trabajo entre el músico y el poeta dieron lugar a canciones como Balderrama, La Pomeña, La arenosa y Zamba de Lozano. En ellas, la palabra y la melodía se acompañan para contar lugares y personas concretas, con sus alegrías y sus dificultades.

Compartieron la creación, pero también las caminatas, las conversaciones y las noches salteñas. Quizás por eso sus canciones conservan algo de lo vivido: el encuentro con Eulogia Tapia en La Pomeña, el espíritu de Balderrama, los personajes y paisajes que ambos supieron mirar de cerca.

«Barbudo, mirá cómo llevamos los vinos, como si los estuviéramos acunando. ¿Qué te parece si le hacemos una canción de cuna al vino? El vino nos durmió tantas veces a nosotros, es bueno que una noche lo durmamos nosotros a él…»

En nuestra casa, esa relación tiene una resonancia especial. Castilla también inspira una habitación: El Poeta. Sus historias vuelven a encontrarse en Legado Mítico, como se encuentran cada vez que suena una de las canciones que crearon juntos.

Cuchi Leguizamón: su música y su legado en Salta

La ciudad también podía ser un instrumento

La curiosidad del Cuchi iba mucho más allá del piano. En la década de 1960 organizó en Salta un concierto de campanas que hizo sonar de manera coordinada los campanarios de distintas iglesias de la ciudad. Por un momento, el sonido de Salta se convirtió en su obra.

La anécdota dice mucho sobre él: encontraba posibilidades musicales donde otros escuchaban sonidos habituales. Su humor también aparecía fuera de los escenarios. La Fundación que preserva su legado recuerda que llegó a inventarse un «auto-horóscopo» porque la carta astral que le habían hecho, según él, mentía menos de lo que hubiera querido.

De Castilla a Borges: el diálogo con los poetas

Aunque su sociedad creativa más conocida fue con Castilla, el Cuchi puso música a palabras de otros autores. Entre ellos estuvo Jorge Luis Borges: musicalizó el poema ¿Dónde se habrán ido? bajo el título No hay cosa como la muerte. También trabajó con textos de Pablo Neruda y de otros poetas argentinos.

Ese recorrido muestra la amplitud de sus intereses. Podía partir de una historia nacida en los Valles Calchaquíes y, con la misma curiosidad, acercarse a un poema de Borges. En ambos casos buscaba escuchar qué música podían contener las palabras.

Cuchi Leguizamón: su música y su legado en Salta. Borges.

Una historia que sigue sonando

El Cuchi murió en Salta el 27 de septiembre de 2000, dos días antes de cumplir 83 años. Sus canciones, sin embargo, siguen reuniendo voces nuevas y acompañando a quienes descubren la música del Norte. La Fundación Legado Cultural Cuchi Leguizamón trabaja hoy para preservar y difundir su obra.

En Legado Mítico Salta creemos que una habitación puede ser también una puerta hacia las historias del lugar que habitamos. El Músico nos invita a escuchar la de un hombre que encontró belleza, humor y posibilidades infinitas en su tierra.

Y quizás esa sea una hermosa manera de empezar a conocer Salta: dejando que su música nos cuente por dónde seguir.